El caso del antiguo Baobab no es un episodio aislado, sino una línea roja que el Ayuntamiento no debería haber cruzado.
El Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento de Madrid se ha erigido en el principal dique de contención frente al derribo de los edificios donde se ubicó el histórico restaurante Baobab, en el corazón de Lavapiés.
Para el PSOE, esta operación urbanística —la demolición de los inmuebles de la calle Cabestreros para levantar un hotel cápsula— no solo amenaza el patrimonio histórico de nuestra ciudad, sino que ejemplifica un modelo de ciudad que prioriza la especulación turística frente a la protección del tejido social y cultural.
El concejal socialista Antonio Giraldo, portavoz en materia de Urbanismo, ha sido la cara visible de una ofensiva política y jurídica que culminó el lunes – tras días sin respuesta por parte del delgado del Área de Urbanismo- con la denuncia ante la Fiscalía provincial de Madrid y la suspensión cautelar del derribo por parte del Ayuntamiento.
“Estamos ante un edificio que podría datar, como mínimo, del siglo XVIII, y probablemente sea anterior. No se puede permitir que la piqueta actúe primero y las explicaciones lleguen después”, afirmó Giraldo tras registrar la denuncia.
Según el relato socialista, el Ayuntamiento fue advertido con antelación. Días antes del inicio de las obras, Giraldo remitió un escrito al área de Urbanismo alertando del valor histórico potencial del inmueble y solicitando la paralización inmediata de cualquier actuación hasta contar con informes técnicos concluyentes.
“Pedimos algo muy sencillo: prudencia y responsabilidad. Si existe la más mínima duda sobre el valor patrimonial de un edificio en el centro histórico de Madrid, la obligación del gobierno municipal es parar y estudiar, no mirar hacia otro lado”, subrayó el edil socialista.
Al no obtener respuesta efectiva, el Grupo Municipal Socialista decidió acudir a la Fiscalía al considerar que el derribo podía constituir un daño irreversible al patrimonio histórico, además de un posible incumplimiento de la normativa urbanística.
Para los socialistas, la posterior decisión del alcalde de suspender cautelarmente el derribo confirma que sus advertencias estaban fundadas, aunque la reacción llegó tarde. Incluso después del anuncio oficial, se realizaron trabajos en el edificio.
“Lo más grave es que, aun con la suspensión anunciada, se siguiera actuando. Eso demuestra una dejación de funciones intolerable y una connivencia peligrosa con intereses privados”, denunció Giraldo, que exigió responsabilidades políticas.
Patrimonio, barrio y modelo de ciudad
El PSOE enmarca el caso Baobab en un conflicto más amplio. La sustitución de edificios históricos y espacios emblemáticos de la ciudad por alojamientos turísticos masivos acelera la expulsión de vecinos y la pérdida de identidad cultural.
“El ejemplo del Baobab, no era solo un restaurante; era un símbolo de la diversidad y de la historia viva de Lavapiés. Cada derribo de este tipo es un paso más hacia un centro convertido en parque temático para turistas”, señaló el concejal socialista.
“Madrid no puede construirse a golpe de excavadora. Nuestro deber es defender el interés general, el patrimonio común y el derecho de los barrios a seguir siendo barrios”, concluyó Giraldo.
El Grupo Municipal Socialista reclama ahora:
• La paralización definitiva del proyecto hasta que Patrimonio se pronuncie.
• Un informe histórico independiente sobre los inmuebles de Cabestreros.
• La revisión del catálogo de edificios protegidos en Lavapiés.
• Y garantías de que no se autorizarán nuevos proyectos turísticos que degraden el entorno residencial.
